viernes, 1 de agosto de 2008

¿Por qué la gente teme a la muerte? ¿Por qué, a pesar de las condiciones en las que se sobreviva, aún se soporta hasta el mismo infierno, antes que morir? ¿Por qué morir no es una opción consciente y predeterminada? ¿Por qué se la deja a la debilidad de la inanición, por ejemplo, o manos de otro? ¿Por qué esa imposibilidad de ser uno mismo quien apague la luz? Y seguimos arrastrando los pies, bajo lluvia, bajo el sudor, bajo la compañía anónima de los que te siguen y sobrepasan, y que van arrastrando los pies, y sus vidas, y sus sueños sicotrópicos e inaccesibles, y sus frustraciones y sus estupideces y sus creencias. También sus vanas alegrias. No termino de cavilar cómo es posible que tanto indigente y tanto presidiario ande por ahí, mi asombro no me abandona mientras los veo, me quedo pensando lo bárbaro a que puede llegar el ser humano, y todo, todo se inocula suavemente a través de la costumbre. Todos realmente se me hacen indigentes y presidiarios, sin importar cómo vistan, ni qué digan. No tengo nada en su contra, ni en contra de nadie, sólo asombro. Mucho asombro y tristeza.

No hay comentarios: